De Cali a Canadá
Lorena Patiño creció en un hogar modesto en Colombia donde la generosidad era sagrada. Entrenaba karate antes del amanecer — su cuerpo era su proyecto, su mente su refugio. Con su esposo Carlos Andrés, un médico joven, vendió todo y emigró a Canadá con su hija pequeña: sin idioma, sin contactos — solo la certeza tranquila de nunca rendirse.
